
Después de meses de negociaciones y repetidos retrasos, Alemania y Francia pusieron fin el lunes a la cooperación en el Futuro Sistema Aéreo de Combate (FCAS).
Según el Palacio del Elíseo, «las autoridades alemanas consideran que es imposible ejercer más presión sobre las empresas implicadas».
La decisión marca el final de años de esfuerzos para desarrollar el avión de combate de próxima generación de Europa.
El FCAS fue ampliamente considerado como el proyecto de defensa más ambicioso jamás emprendido en Europa. Lanzado en París en 2017 por el presidente francés Emmanuel Macron y la entonces canciller alemana Angela Merkel, estaba destinado a formar la columna vertebral del poder aéreo de Europa en las próximas décadas.
En el corazón del programa se encuentra un avión de combate conocido como Sistema de Armas de Próxima Generación (NGWS), diseñado para operar junto con drones no tripulados y conectado a través de una nube de combate digital. Se esperaba que el avión combinara tecnología furtiva, capacidades de guerra electrónica y sistemas de ataque de largo alcance.
A diferencia de los aviones de combate existentes, como el Eurofighter Typhoon y el Dassault Rafale, el FCAS fue concebido como un sistema en red que integra aviones, drones y sensores en una única arquitectura de campo de batalla. El coste de este programa se ha estimado recientemente entre 80.000 y 100.000 millones de euros.
Por qué fracasó el proyecto FCAS
La principal razón del colapso del proyecto fue una disputa cada vez más amarga entre las empresas de defensa Airbus y Dassault. Tan recientemente como en marzo, los líderes alemanes y franceses hicieron un último intento de negociar un compromiso entre los dos países.
El plan original era que Dassault, el fabricante francés detrás de los aviones de combate Mirage y Rafale, liderara el desarrollo del propio avión. Airbus, un grupo aeroespacial franco-alemán en el que Francia y Alemania poseen alrededor del 10%, será responsable de los drones que lo acompañarán. España también tiene una participación minoritaria en la empresa.
La división del trabajo tenía como objetivo reflejar la experiencia de cada empresa. Sin embargo, pronto surgieron desacuerdos sobre el control del programa, el acceso a tecnología sensible y la propiedad de la propiedad intelectual desarrollada durante el proyecto. Según la emisora pública alemana ZDF, el director general de Dassault, Eric Trappier, se mostró reacio a compartir datos confidenciales o patentes con Airbus.
Según se informa, las dos empresas también se enfrentaron por el futuro reparto de ingresos y la gobernanza del programa. Una cuestión particularmente polémica fue quién lideraría en última instancia el proyecto. Dassault argumentó que, como contratista principal del avión de combate, debería ser considerado responsable. Pero Airbus se resistió a desempeñar un papel subordinado.
Dassault defendió su posición afirmando que tenía la experiencia necesaria para desarrollar un avión de combate «de la A a la Z». Airbus argumentó que un proyecto del tamaño del FCAS requería una asociación más equilibrada.
A pesar de años de negociaciones y repetidas intervenciones políticas, las dos partes no han podido salvar estas diferencias.
Los dos países tampoco estuvieron de acuerdo sobre los requisitos militares para el avión. Francia quería un avión de combate que pudiera transportar armas nucleares y operar desde portaaviones, reflejando las necesidades de sus fuerzas armadas. Alemania, por el contrario, tenía poca necesidad de cualquiera de estas capacidades.
La controversia resurgió a principios de 2026 cuando el director ejecutivo de Airbus, Guillaume Faury, propuso desarrollar dos versiones diferentes del avión para abordar diferentes requisitos. En lugar de resolver las diferencias, la propuesta parece haber exacerbado las tensiones entre los socios.
A principios de marzo, Dassault acusó a Airbus de socavar el programa. El director ejecutivo de Dassault, Eric Trappier, dijo al periódico francés Le Monde en marzo que «Airbus ya no quiere cooperar con Dassault».
Combat Air Cloud se desarrollará aún más
Si bien el caza en sí no avanzará, se espera que partes del programa más amplio sobrevivan. Continuarán los trabajos en la llamada Nube de Combate, una red destinada a vincular drones, sensores y sistemas de inteligencia artificial y procesar datos del campo de batalla en tiempo real, dijeron funcionarios del gobierno.
Ahora se espera que Airbus explore asociaciones alternativas. Los conocedores de la industria señalan a la firma de defensa sueca Saab AB y a los programas de aviones de combate británico-japonés-italianos como posibles vías de cooperación. Mientras tanto, se espera que Dassault continúe desarrollando su sucesor Rafale por su cuenta.
El colapso del FCAS puso de relieve la dificultad de coordinar importantes proyectos de adquisiciones militares entre intereses nacionales e industriales, a pesar del repetido apoyo político de Berlín y París.
En el futuro, es probable que la atención se desplace hacia proyectos conjuntos de defensa más limitados. En la próxima reunión del Consejo Ministerial franco-alemán que se celebrará en Alemania en julio, se espera que los dos gobiernos desarrollen un plan de trabajo conjunto que se centrará en proyectos que ambas partes creen que son realizables y de valor estratégico.